Un doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 sacudió Venezuela el miércoles 24 de junio de 2026, dejando un saldo preliminar de al menos 164 personas fallecidas y cerca de 1,000 heridas, según reportes oficiales. La tragedia se concentra principalmente en el estado costero de La Guaira, declarado zona de desastre por las autoridades debido a la gravedad de los daños.
El origen de estos sismos está vinculado a la fricción entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, específicamente en la red de fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar, consideradas las más activas y peligrosas del país. Estas placas no colisionan frontalmente, sino que se deslizan en direcciones opuestas, acumulando una tensión sísmica que se liberó con fuerza el miércoles.
La Guaira, ubicada a unos 30 kilómetros de Caracas y conocida como la principal puerta de entrada a Venezuela y balneario de los caraqueños, fue la zona más afectada. Más de 100 edificios colapsaron, informó la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). La presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, autorizó el despliegue de equipos urbanos de búsqueda y rescate de la ONU para apoyar las labores en La Guaira y Caracas, mientras que Protección Civil y equipos locales atienden el resto del territorio.
Rodríguez calificó la situación en La Guaira como una “verdadera tragedia”, evocando el recuerdo de la llamada “tragedia de Vargas” de 1999, cuando lluvias intensas provocaron inundaciones y aludes que causaron miles de muertes y daños estructurales severos. A casi tres décadas de aquel desastre, la región vuelve a enfrentar un duro golpe con la destrucción de hoteles, edificios y viviendas.
Los equipos de rescate continúan la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros, mientras las autoridades trabajan para evaluar el alcance total del desastre y brindar atención a los afectados. La coordinación internacional y el despliegue de recursos son fundamentales para enfrentar esta emergencia que ha conmocionado a Venezuela.

