En abril pasado, científicos argentinos lograron un avance significativo en la medicina regenerativa con el nacimiento del primer cerdo clonado y genéticamente modificado en Latinoamérica, diseñado para facilitar el trasplante de órganos a humanos. Este logro, anunciado recientemente por la Universidad de Buenos Aires (UBA), representa el tercer caso documentado a nivel mundial, después de Estados Unidos y China.
El desarrollo es resultado de un consorcio científico integrado por la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). En los laboratorios de la UNSAM se llevó a cabo la clonación molecular y la edición genética de los embriones, donde se desactivaron tres genes responsables de la respuesta inmune que comúnmente provoca el rechazo de órganos trasplantados.
Posteriormente, el equipo de la Facultad de Veterinaria de la UBA se encargó de la inseminación y el seguimiento de la gestación hasta el nacimiento del primer lechón. Marcelo Acerbo, profesor de la facultad, explicó que su labor fue fundamental para el mantenimiento de la gestación y el parto, marcando el inicio de la etapa de crianza de estos animales. Actualmente, los investigadores tienen bajo su cuidado dos cerdas preñadas y planean contar con cinco clones adicionales.
El proyecto contempla avanzar hacia la incorporación de siete genes más para mejorar la compatibilidad de los órganos porcinos con el cuerpo humano. Entre las modificaciones futuras se incluye el bloqueo de hormonas de crecimiento para adaptar el tamaño de órganos como el hígado o el corazón, que en cerdos adultos pueden superar los 200 kilos, asegurando así que sean funcionales y adecuados para trasplantes.
Este desarrollo científico abre nuevas posibilidades en la medicina traslacional y subraya la importancia de la colaboración académica en la región para enfrentar retos globales en salud. En un contexto donde la innovación en transporte y tecnología, como el cablebús en Puebla, busca mejorar la calidad de vida y la inclusión social, avances como este reflejan el potencial transformador de la ciencia aplicada al bienestar humano.

